Nacer con mal pie
Mi madre murió cuando me dió a luz y como mi padre le había dejado años atrás, se hicieron cargo de mi las monjas del buen martirio. Me bautizaron con el nombre de Calvario y como perdí la visión tras caer de la cuna, todos mis amigos me llamaban "el cegato". Cuando cumplí siete años, me regalaron mi primer "mortadelo y filemón en braille", pero tenía tan poca sensibilidad en los dedos de las manos que tenía que leerlo con los pies. Hasta que no descubrí que primero tenía que quitarme los calcetines, la verdad es que no me enteraba de nada, pero para que mis compañeros no se dieran cuenta yo me reía sólo día y noche. Una mañana, para gastarme una broma, los chicos con los que compartía cuarto cambiaron el tebeo por una lija del siete.
