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La Coctelera

quedioslotengaenconserva

27 Enero 2007

Adiós Parpucho, adiós

Los días en el cuartelillo transcurrían lentamente. Parpucho me lamía un pie, yo le quitaba garrapatas y viceversa. Sin embargo, la mala suerte volvíó a ensañarse conmigo. Un día, el perro volvía del mercado con un pellejo de pollo y un desaprensivo se saltó el semáforo y le aplastó las dos patas delanteras. Parpucho llegó revolcándose hasta el cuartelillo, girando como una salchicha en una barbacoa desnivelada. Cuando llegó ante mí, aún con el pellejo de pollo entre los dientes, me miró como queriéndome decir que le había pasado algo, pero yo no sabía qué. Los días siguientes lo noté como ausente y un cierto olor a podrido me hizo sospechar que su salud estaba empeorando. Me dí cuenta de que había muerto 47 días después, cuando el viento hizo sonar los huesos de su esqueleto. Para salvarme de la depresión, el guardia civil decidió llevarme a su casa y la cosa no hizo más que empeorar.

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