Crecían las mandrágoras y morían las margaritas
En el bosque descubrí las drogas. Mi primer contacto con este tipo de sustancias ocurrió el día de mi decimosegundo cumpleaños. Para celebrar el milagro de estar vivo, decidí tomarme la mañana libre y, en lugar de exponerme a las agresiones de la gente, me recluí en el tronco de árbol que me servía de guarida y allí, de forma totalmente fortuita, probé unas setas que habían crecido en la corteza. Las sensaciones se fueron sucediendo con tanta rapidez que, de repente, y sin saber cómo, me vi a mí mismo flotando entre las flores, desnudo como un pájaro y feliz como jamás lo había sido. Gracias a esa experiencia mi vida cambió porque me enfrentaba al mundo, cada mañana, con fuerzas renovadas. Nada me podía hacer sufrir. Todo a mi alrededor era perfecto hasta que pasaba el efecto de los hongos. Entonces, el cielo volvía a caer sobre mí como una losa infinita que me aplastaba y me hacía sentir, otra vez, igual que una cucaracha bajo una suela de zapato. Me convertí en un 'yonqui' y, en pocos meses, se me cayeron los dientes, me aumentaron las ojeras y se me cayó el pelo. Mi imagen era penosa. Unas gafas de carnaval para una cara que asustaba a las ratas. Me hice más introvertido y empecé a masturbarme rodeado de mofetas y ardillas rojas. Yo no podía verlas, pero creo que todos los animales del bosque se aliviaban a mi lado. A mi paso, crecían las mandrágoras y morían las margaritas. Me sentía como una epidemia que lo arrasaba todo y una noche traté de suicidarme tirándome desde la copa de un ciprés. Me arrojé seis veces seguidas, pero tuve tan mala suerte que sólo se me reventaron las almorranas. Sufrí muchísimos dolores desde aquel momento. El culo me sangraba como sangran los borregos recién degollados y, para calmar ese dolor, me introduje unas setas por el recto. Llegaron tan adentro que noté cómo empujaban a la altura del ombligo. No funcionó. Después probé con hormigas de diente curvo, una rara especie que yo mismo descubrí entre las piedras. Dejaba que los insectos me mordieran el esfínter hasta que se me infectó y caí medio muerto junto al río. Lo que ocurrió a partir de ese momento es difícil de contar.

ASK dijo
Has creado el lazarillo del siglo XXI, y me parece un personaje divertidísimo, aunque a él no le parezca tan divertido su situación, y esté seguramente maldiciendo a su creador. Seguiremos sus peripecias e infortunios, por supuesto.
25 Mayo 2007 | 09:24 PM